
Ignacio siempre fue bastante pesimista y pensaba que tenía mala suerte.
Su vida tampoco había sido tan mala, había estudiado y tenía un trabajo continuo que le permitía estar libre toda la tarde, no le daba muchas preocupaciones y la verdad que no se podía quejar.
Tenía novia desde hacía 4 años y no parecía que les fuera mal.
Eso si, a Ignacio le gustaba irse de fiesta con sus amigos y la verdad que algunas locuras si que hacían cuando estaban borrachos. Una noche Ignacio confirmo todos sus indicios de que era un tío con mala suerte, volviendo a su casa con unas cuantas copillas de mas se estrelló con su coche y se quedo ciego.
Tenía 33 años, es como si volvieras a nacer pero cagandote en todo y en todos hasta que te vas dando cuenta de que algunas personas te ayudan y que hasta en la peor adversidad hay cosas buenas.
A Ignacio no le quedo otra que vender cupones de ciegos, hablaba con la gente se reía un rato y pasaba los días con su perro y compañero Cleo. Por cierto su novia al poco tiempo creyó conveniente que lo mejor sería dejarlo por un tiempo para ... no sé para que.
Los sábados a su perro Cleo y a él les encantaba ir al centro comercial y pasear por todas las plantas, desde la 1ª a la 7ª, la de señoras, la de caballeros, la de niños, la de deportes y después iban a la cafetería y se tomaba algo, solo él, Cleo se conformaba con las caricias de su amo.
Pues el sábado pasado Ignacio y Cleo esperaban el ascensor en la planta baja como hacían todos los sábados desde hace tiempo y cuando se abrieron las puertas Ignacio pregunto como hace siempre,
¿está lleno?
Nadie contestaba,
Ignacio pensó, debe estar vacio,
y entonces escucho,
creo que está vacio es que soy ciega,
Ignacio entró en el ascensor y eso que solo estaba Rocío pues tropezó con ella, se disculpo y le dijo,
es que yo también soy ciego,
ya, contesto Rocío,
Cleo movía el rabo mientras olisqueaba a Reina la perra de Rocío.
Salieron del ascensor riendo y hablando de como es posible que dos ciegos se conozcan así sin que nadie los presente, las empleadas de la 7ª planta los miraban sonriendo pues ya conocían a Ignacio porque siempre venía los sábados y con los ojos bien abiertos se alegraban de que a Ignacio se le viera tan feliz y tan bien acompañado.
Rocío es rubia con el pelo liso, muy guapa y delgada, Ignacio es también rubio con algún kilo de mas pero con pinta de bonachón.
Cuando miré para ver donde estaban los ví sentados en la cafetería.
¿Que probabilidades hay de que dos ciegos se conozcan sin que nadie los presente? muy pocas, Ignacio es un tío con suerte.